La librera y el diablo (V)

Ignitius se quedó desconcertado. De todas las cosas que había imaginado que podrían ocurrir, que ella se riese era la única que no había previsto.

– ¿Entonces…? ¿No te importa?

– Bueno, la verdad es que… no me lo esperaba, pero supongo que da igual… Humano o demonio, yo te quiero. Lo único es que tendremos que hacerte las puertas especiales para que puedas pasar… Como ahora eres tan alto…

– Eso es lo que te quería decir… – e Ignitius le explicó todo, desde que dejó escapar el alma de aquel hombre, el castigo de su amo, cómo se había enamorado de ella, hasta llegar al momento en que Belcebú se le había aparecido reclamándole que regresase con él al infierno -. Pero me ha permitido que vengas conmigo, si quieres. Sólo si quieres – añadió, para dejarlo claro -, no te sientas obligada. Yo… entendería que prefirieses quedarte aquí. El infierno no es un lugar muy hospitalario para los humanos.

– ¿Hace mucho calor? – preguntó ella.

– Muchísimo.

– Por lo menos habrá libros ¿no?

– Eso sí. Está lleno de todas las obras que las distintas religiones han ido prohibiendo a lo largo de los siglos. Te aseguro que no te aburrirás, aunque algunas son un muermo, y casi todas hablan de teología.

– Vaya, no suena muy divertido – reflexionó Victoria -. En fin, ya nos apañaremos. ¿Me da tiempo de hacer la maleta? Por lo menos me gustaría avisar a mis padres…

– ¿Eso es que te vienes? – preguntó Ignitius, que no podía creer lo que oía, y no cabía en si de gozo – ¿Me acompañarás al infierno?

Aquella pregunta hizo que Victoria tomase, de repente, conciencia de la realidad ¿Le acompañaría al infierno? ¡Al infierno, nada menos! Empezaba a pensar que tal vez se estaba precipitando un poco. O mucho. No estaban hablando de mudarse a una ciudad donde hiciese mucho calor… o de irse a un país que estuviese en guerra. Si Ignacio le hubiese dicho que era militar y lo enviaban a… a… ¿a qué país tendrían que enviarlo para que fuese comparable con irse a vivir al infierno? ¡No se le ocurría ninguno! Pero… si le dijesen te tenía que irse a un país peligroso y le pidiese que le acompañase ¿ella le seguiría?

Además, en realidad la había utilizado. Se había acercado a ella para enamorarse y poder regresar a su casa cuanto antes, pero ahora que había obtenido lo que buscaba, no le parecía suficiente, y se la quería llevar consigo ¡Y había esperado hasta el último momento antes de contarle la verdad!

Mientras tanto, Belcebú, que lo observaba todo desde su trono infernal, no creía lo que veía. ¡La humana no había rechazado a Ignitius! ¡Su plan estaba a punto de fallar! ¡Intolerable! Ah… pero dudaba, y él sabía mejor que nadie como aprovechar la duda en su favor. Aún no había jugado su última carta. Bajaría al mundo mortal y demostraría a Ignitius lo poco que valía el amor humano. Esa sería la mejor lección.

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